EL SISTEMA JUDICIAL. 9.1. VIEJAS TRADICIONES EN EL SISTEMA JUDICIAL

EL SISTEMA JUDICIAL 9.1. VIEJAS TRADICIONES EN EL SISTEMA JUDICIAL

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Por: Dr. Fortunato Turpo Choquehuanca 

A propósito de iniciarse el sistema judicial cada año, nos permite anotar algunas reflexiones sobre la tarea diaria del Poder Judicial en nuestro medio y el país entero. 

Estamos seguros que el común de los ciudadanos quizás no comprenda el significado o el fracaso de una gestión judicial; de una administración que se sigue o, de la caída de simples objetivos enunciados en cada discurso de apertura o en la memoria solemne leída con sumo entusiasmo.

Otra es la realidad, que muchos conocemos en el ejercicio de la profesión de abogado, porque conscientes de una situación lamentable del Poder Judicial y lo indeseable de la solución que a menudo tiene que dar a los casos que se le someten al magistrado, el juez siempre busca refugio en el idealismo simple.

Repetirán frecuentemente expresiones como “el juez tiene que decidir como el buen padre de familia” o, aquella, que “la magistratura tiene que ser como un sacerdote”.

Estas afirmaciones idealistas, que son totalmente contrarias a la realidad como la nuestra, solo se refieren a una vieja tradición judicial; es el mito del hombre bueno y justo, que es el juez. Por otro lado, los defensores de aquella ingrata realidad hablan de una especie de apostolado en el ejercicio del señor juez y apelan a una “incomprensión”, según ellos de la sociedad. 

Con esta explicación, se pretende cauterizar el efecto psicológico que en el juez o magistrado causa el malestar social existente respecto a las soluciones que emite. Pues los efectos concretos de su tarea resultan demasiado contradictorios con la ideología y doctrina de la justicia en nombre del cual se supone que realizan.

No queremos juzgar al magistrado, sino, destacar la labor del Poder Judicial, que como lo dijeron, es la encargada de restablecer los derechos conculcados y por consiguiente la paz y la convivencia entre los peruanos. Lo cual no suprema conducta y a la norma jurídica, tantas veces esgrimida en ocasiones como en la apertura del año judicial.

Durante muchos años, se ha exigido solemnemente sobre prioridades para la reforma judicial y; finalmente, los señores magistrados repitieron hasta rasgarse las vestiduras sobre la dotación de mas recursos.

 Se ha anotado sobre reforma legal, cambio de personal, capacitación de magistrados, formación de nuevos profesionales, nuevo sistema de nombramientos y nueva política judicial y, finalmente, se ha censurado la coima, que para su mejor denominación, ahora se le llama mas elegantemente “propinas, obsequios de los litigantes y abogados”, que en definitiva nada de estos sanos propósitos se cumple.

El aparato judicial moldea a sus jueces, los burócratas, los vuelven conservadores y hasta los corrompe. Nuestros jueces en nuestra patria, han nacido mayoritariamente en hogares de la pequeña burguesía mas empobrecida., donde fue permanente una situación económica apremiante, en la cual probablemente se identificaba la carrera judicial, sobre todo con la seguridad otorgada por un modelo estable.

La mente conservadora del magistrado, que a veces los aparta de una realidad, proviene de su formación universitaria como hombre de derecho.

Entendiéndose esta formación universitaria en el juez como un simple antecedente, porque para su comportamiento en el cargo, lo decisivo es lo que aprende en el Poder Judicial, como el abogado que se gradúa, entiende que el grado profesional es un simple antecedente, que más tarde el ejercicio de la profesión será su mejor maestro.

 Permítame dar a conocer a partir de la fecha, por este medio de difusión, algunos capítulos de mi libro “Arequipa República Independiente. Reflexiones sobre el orgullo arequipeño” publicado por la Universidad Católica de San María, en sus Bodas de Oro, el año 2011. La edición fue totalmente agotada hace varios años por su poquísima edición.

Fortunato Turpo Choquehuanca

Abogado, historiador y defensor internacional de los derechos de los pueblos indígenas, Fortunato Turpo ha dedicado su vida a la lucha por la justicia y la preservación de la identidad cultural. 

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